La gente apareció en el market. Primero fue un cliente que compró un paquete de papas fritas y una coca-cola desechable, detrás él vino otro y luego una familia y así sucesivamente hasta que el mercado estaba atestado de consumidores que destripaban las góndolas arrebatando productos innecesarios para la vida, mas indispensables para sustentar el modelo del retail. En tan sólo cinco minutos se habían acabado los tiempos en que los reponedores mirábamos el deambular de las plantas rodadoras por los pasillos oyendo el silbido gélido del aire acondicionado. Ya no habría espacio de conversación ni de risas entre compañeros, ahora había trabajo… trabajo ¡Puaj! Odiaba mi empleo. Me causaba tirria, pero era la única forma de pagar mis deudas universitarias y comprarme la cajetilla de lucky Light a principio de mes. Era el único lujo al cual podía aspirar, el dinero alcanzaba apenas para ello.
Rubén, el administrador, saltaba en una pata. Por fin había personas ávidas por adquirir la última promoción de vino y queso camembert a precio digno de colusión, lo que significaba una buena comisión para él. La mitad del sueldo de los jefes se basa en cumplimiento de metas las que en verano no estuvieron ni cerca de lo fijado por gerencia. Los cuicos de La Reina habían salido en masa a tomar el sol de enero en Cachagua, Zapallar o en las aguas turquesas de algún paraíso fiscal, por ende, no hubo el menor rastro de nuestros adorados clientes.
Al ver las colas en las cajas, al jefe se le encendieron los ojos. La vida le volvió al cuerpo y pequeño Stalin que estaba dormido a causa de la preocupación, renació de sus cenizas. Ya pues, ya pues, vayan a reponer, gritaba, mire el piso está inmundo, límpienlo, ya poh, cabro se te acabó el pan, me decía. Yo sacaba y sacaba kilos de marraquetas, hallullas y dobladas que se iban en cinco minutos. Era tal mi ritmo que me quemé el brazo con bandejas hirvientes y también casi quemo a una vieja que se me cruzó por el camino. La señora partió hacia donde estaba mi supervisor. Éste corrió al administrador para atribuirme el error- me odiaba porque estudiaba en la universidad y él era un pobre y triste ignorante-. Resignado al despido, espere la PLR del señor lápiz- así le apodé a mi jefe por ser muy flaco y de ojos saltones- cuando lo vi venir pensé que la cesantía otra vez rondaría en mi rutina, sin embargo, Rubén estaba muy tranquilo. Extrañamente relajado. Sólo dijo:
- Ten más cuidado muchacho- acompañando la frase con una sonrisa de color amarillo tabaco-. Sigue trabajando
En principio, no me llamó la atención el hecho. Lo tomé como un gesto de confianza, un respaldo, aunque con el paso de los días noté algo raro en la conducta del administrador. En las mañanas despertaba como un energúmeno. Me gritaba por no limpiar mi sector y no tener el pan a tiempo- bueno, debo reconocer que no era un gran trabajador- y finalizaba sus sentencias con la amenaza de no renovarme el contrato a fin de mes… en fin. Yo me lo tomaba, literalmente, con andina. Después del maltrato, partía al cooler a robarme una coca-cola de medio litro junto con una empanada de queso y tomaba desayuno en el baño.
Buscaba por todos los medios que me echaran. Me negaba a limpiar los w.c de empleados, me negaba a pasar el trapero por el piso cerámico, atendía al público como el ajo- sobre todo en fiambrería, donde una vez le lancé por la cabeza un par de torreja de chancho a una vieja de mierda-, en fin, hice de todo para volver a la cesantía. Lamentablemente faltaban trabajadores. A pesar de mi mediocridad evidente, me necesitaban. Tal vez a ello atribuía el comportamiento del administrador, porque tipo dos o tres de la tarde aparecía muerto de la risa, lanzando bromas, dando manotazos de apoyo y alabándome mi trabajo, cuando era por lejos el peor reponedor de la historia del retail y aunque no lo crean, me sentía orgulloso de título que me otorgaron mis compañeros.
- Oye hueón, cúbreme. Voy a fumarme un pucho – le dije esa tarde al valdiviano.
- Puta que eres flojo, hueón. Te van a echar si sigues así
- Y qué crees que busco-
- Pero hueón, cómo puedes ser así- escuché que me retaba mientras caminaba a las bodegas de las bebidas.
Al llegar al lugar, un olorcillo extraño invadió mi olfato. Era un aroma que no olía de mi época universitaria, cuando partíamos en masa a la Quinta Normal con un par de cervezas, coca- colas, unas garrafas de vino que olían a vinagre y la estrella de carrete… aquella hierba de color verde, la cual fumábamos pendientes de que la ley no cayese de improviso sobre nuestros hombros y nos presentara el oscuro calabozo. Más de alguna vez debí correr mientras un radio patrullas nos perseguía con la baliza encendida por los verdes prados de la Quinta. Por suerte y a pesar de la borrachera, jamás lograron ponerme una mano encima. Arrancaba tan rápido que ni Bolt me hubiese ganado una carrera. Con tan sólo escuchar la palabra paco, mis pies se trasformaban en Mercurio…
En ese instante el cigarro no me pareció tan buena idea. Por alguna extraña razón me puse nostálgico. Tiré el pucho al piso y seguí aquel perfume para ver quien era. Detrás de una pila de Bilz y Pap, agachadito de alguna mirada lasciva, estaba Rubén sujetando entre el índice y el dedo gordo un pito de proporciones jamaiquinas.
- Qué diría don Graff si lo viera- comenté irónico. El jefe dio la vuelta y miré sus ojos achinados, su pupila dilatada e inyectada de sangre. En principio como que no atinó a nada por culpa del THC, luego se levantó en cámara lenta.
- Es medicinal, es medicinal- dijo- es para mis dolores, es para mis dolores. Es para la presión, para la presión.
- Tranquilo, no me de excusas. No lo juzgo.- Respondí.
- Por favor muchacho, guarda silencio- titubeaba- te doy lo que tú quieras… te doy la posibilidad de ascender en la empresa… puedes llegar lejos… ser administrador… gerente… pide lo que tú quieras… pídelo siempre y cuando guardes el secreto… lo que tú quieras… pero guárdalo.
No me interesaba ningún puesto dentro del supermercado. Sólo quería ser despedido. Me quedé un rato en silencio para hacerlo sufrir. Miré su bigote mexicano, su cuerpo delgado y me erguí frente a él para demostrar poder.
- Está bien, le dije, le voy a pedir algo.-
- Qué cosa.
- Convida- le arrebaté la hierva de la mano. En principio como que se sorprendió y luego se mató de la risa. Después de un par de fumadas, también reí sin motivo.
- Guena señor lápiz- le dije, dándole una cachetada- así que soy voladito.- Rubén se reía y yo me reía más.
- De los ochenta que fumo, de la época de las peñas- me reí un poco y seguí fumando.
- Oye Diego, hueón- me comentó- te hay dado cuenta que esta pega es una mierda, jajajaja.
- Sí hueón, jajajaj , sobre todo por la chica soledad, puta la vieja culia… jajaja.
- Querís que la eche…
- No hueón- mantuve una pausa- te puedo hacer una pregunta Rubén.
- Dale
- Es verdad que te comes a Cecilia.
- Si hueón, jajaja. Es mi amante hace diez años, cómo crees que llegó a ese puesto … jajaja-. Me quedé pegado unos segundos y respondí.
- Voh si que tení guata, hueón… la vieja pa fea… ta mejor la chica, jajajaja.
- Y crees que no lo he intentado, pero la chica es más cartucha.
- Dale un pito- ambos no matamos de la risa y la conversación a medida que se acaba la marihuana se tornó más lenta y filosófica. Hubo un par de minutos de silencio.
- Te has fijado que las clientas ricas tienen como una luz especial, como que la plata las ilumina.- pasó como un minuto y respondí
- No sé hueón, no sé.
- Hay una rubia que siempre viene en pijama en las mañanas… te has dado cuenta que siempre el pezón izquierdo se le marca en la ropa, eso es efecto de la plata, la plata.- pasó otro tiempo de espera.
- No sé hueón- otro vacío en la conversación, miré mi reloj y llevábamos un buen rato ahí- volvamos a trabajar.- dije
Nos levantamos de donde estábamos escondidos y nos dimos un abrazo. Cuando partía a hacer pan, Rubén me detuvo:
- Espera hueón, ponte gotitas- él me estiró un frasco. Las gotitas escondieron en efecto de la droga.
Al llegar a panadería, escuché unas alegres y melódicas notas. La música tornó de colores el gris supermercado, dándole un toque de psicodélica a lo lejos oí la voz Bob Marley.
There's a natural mystic blowing through the air;
If you listen carefully now you will hear.
This could be the first trumpet, might as well be the last:
Many more will have to suffer,
Many more will have to die - don't ask me why.
Aquel día el trabajo me pareció más entretenido.



























bkn!
Buenísimo mi vice.... lo disfruté
Waiting in Vain!!!!
Kassy al ritmo del get up, stand up!
Mi presi..
jajaja. No le habìa respondido...
un abrazo
D.
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