
POR MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ
Los pueblos se construyen a base de la poesìa y de la historia . Es un binomio universal en el sentir de un canto èpico , històrico y social . Màs aùn en nuestro norte , donde el viento de la fuerza del desierto . Es reconciliarse con el palpitar de la verdadero nortinidad , alejados de los discursos añejos y regionalistas y lleno de lugares comunes . Es ver la belleza y la fortaleza de una tràgica historia , en el texto de la Profecìa del Padre Negro , del escritor Arturo Volantines : en el resplandor de los ecos de Copiapò . Es la voz de los arenales de un guerrero que relata la muerte de Copiapò , con la fuerza de esos bailes ancestrales despuès de una larga agonìa . Es la remembranza de las grandes esperanzas , antes que la señora de la muerte venga a asolar el pueblo . Es el amor universal de la voz del poeta , como el sonido de ese Popol -Vuh , donde la muerte entra en pugna con la vida . Es el renacer desafiando la imagen de esa madre momificada , donde la presencia femenina es la sacerdotisa de todas esas batallas , en la soledad de una mina perdida . Son los descendientes de esas noches eternas , donde el Alicanto apago su voz . Es ver la fotografìa de esa Ave Fènix que se levanta de las cenizas , como la orquesta de una fiesta que inicia el comienzo de una nueva historia . Es el camino de una larga noche de soledad y desolaciòn , con el descontrol de las chicas de vida alegre que sueñan con ser reinas de un valle perdido . Hay un cierto sabor bìblico , con el camino de ese mar abierto por Moisès : por ese lago de plata que empezarà a desbordar por los truenos . Hay Atacama . Hay poesìa .... Tras miles de bramidos , de arrapatas en la cèlula , al fin veremos en el ojo terracota del mundo : el amanecer . Mi Dios volverà a relinchar desde el infinito de los huesos trastornados : nos amasaremos con el humus de Copiapò; ! seremos la colibrì ! , el desierto recièn sembrado; el brotado Sarmiento de Atacama...








Cala hondo
Sin ser Copiapino de nacimiento, por esa cosas del destino, durante 40 años visité este valle por razones laborales. Conocí a su gente, algo de su historia, entré a muchos de sus pirquenes y yacimientos a rajo abierto y bajo tierra. Compartí insolaciones a plena pampa con buscadores de vetas y sueños dorados, aplané sus calles y me arrimé a la sombra de sus pimientos y leyendas. Para San Lorenzo acompañé a sus fiestas a cientos de mineros. En mi retina se pintan olivares y parronales en la cercanías de Chamonate y tierra adentro en la llamada Amarilla, pasando por Paipote y para el norte hasta Pueblo Hundido, rebautizado por don Diego y hacia la cordillera El Salvador y su gloria olvidada. Tantos y tantos recuerdos que hoy afloran calando hondo por Copiapó renacido.